La Danza del Agua en los Nanocanales

El agua es una sustancia peculiar. Hasta la fecha, se han documentado en ella no menos de 67 propiedades anómalas, la más conocida de las cuales quizá sea el aumento de volumen que experimenta cuando se enfría por debajo de los 4 grados centígrados. A ello se debe que las tuberías revienten en invierno, que el iceberg que hundió el Titanicflotase, o que el mar y los lagos se congelen desde la superficie hacia el fondo, gracias a lo cual la vida continúa en el agua que permanece líquida bajo el hielo. En un trabajo reciente publicado en Physical Review E en enero de 2012 hemos hallado la relación que guarda otra de las extrañas propiedades de este líquido con la física que gobierna su difusión a través de canales de escala manométrica. El descubrimiento podría ayudar a mejorar los procesos de filtración y desalinización.

Para desalinizar el agua es necesario filtrarla a través de canales microscópicos. Pero, como cabría esperar, el líquido se mueve con mayor dificultad a medida que disminuye el diámetro de dichos canales, lo que entorpece y ralentiza el proceso. La solución a este problema llega por medio de una vía inesperada: el agua vuelve a fluir con facilidad cuando el diámetro del canal se hace inferior a un nanómetro, la cienmilésima parte del diámetro de un cabello, o el tamaño aproximado de tres moléculas de agua alineadas. La aplicación de este resultado podría multiplicar por mil la velocidad de desalinización de las membranas actuales.